Incomodar también es hacer periodismo

Incomodar también es hacer periodismo

 Hay una acusación que aparece cada vez que una nota incomoda:
“Eso no es periodismo, es opinión.”
Casi siempre llega cuando el texto no confirma lo que alguien ya pensaba.

Hay un ideal de que el periodismo debe ser neutral, aséptico y cómodo, pero eso es una ficción. No existe un periodismo que no incomode a nadie. Existe, en todo caso, un periodismo que elige a quién incomodar y a quién no.

La incomodidad no es un error: es una señal

Cuando un texto molesta, no siempre es porque exagera. Muchas veces incomoda porque nombra lo que se naturalizó, porque pone palabras donde antes había silencio, o porque corre el eje de lo individual a lo estructural.

El periodismo feminista suele ser señalado como “militante” no por falta de datos, sino porque cuestiona relaciones de poder que históricamente no se cuestionaban. Y eso genera resistencia.

Neutralidad no es objetividad

La neutralidad absoluta no existe. Elegir qué contar, a quién entrevistar, qué datos destacar y cuáles no, ya es una toma de posición.
La diferencia es si esa posición se oculta o se explicita.

El periodismo que se presenta como neutral muchas veces reproduce el punto de vista dominante sin decirlo. El que incomoda, en cambio, suele ser más honesto: muestra desde dónde habla.

Cuando incomodar es una responsabilidad

Hablar de micromachismos, violencia simbólica, desigualdad laboral, abuso de poder o silencios mediáticos no es “buscar polémica”. Es asumir que el periodismo también tiene una función social: poner en agenda lo que incomoda porque duele,revela y, también, porque interpela.

No todo texto incómodo es bueno, pero ningún periodismo que valga la pena es completamente cómodo.

Para pensar

Tal vez la pregunta no sea si el periodismo debe incomodar, sino a quién incomoda y por qué.
Y qué intereses se defienden cuando se pide que el periodismo “no moleste”.